Los responsables del sector público sufren la presión de ofrecer cada vez mejores servicios, impulsar la eficiencia y garantizar la soberanía digital, sin perder el ritmo frente un grado de innovación y normativas en constante cambio. La carrera por desplegar la IA y las tecnologías digitales está en marcha, pero sin una estrategia clara, las empresas corren el riesgo de quedarse atrás, acumular deuda técnica y perderse objetivos fundamentales.